CATE empezó con una decisión, no con un plan perfecto.
Esta es la historia de esa decisión.
Llegué a este país hace dos años con todo lo que soy, y un cuerpo que no reconocía. Dejé de vestirme como yo misma. Dejé de ocupar espacio como yo misma. Perimenopausia. Prediabetes. Ansiedad. Ataques de pánico. Estaba desapareciendo, no físicamente, sino en la forma en que me presentaba al mundo.
Un día vi a mi esposo imprimiendo naves de Star Wars en la impresora 3D, y algo hizo clic. Miré las joyas a mi alrededor, las mismas piezas en todas partes, y ninguna decía nada. Ninguna era yo. Tenía una idea clara de lo que quería, y esa claridad fue lo que me hizo empezar a crear.
En diciembre tomé una decisión que parece pequeña pero no lo fue: iba a vestirme como quería. Sin importar mi peso. Esa decisión, antes de perder un solo kilo, fue la que cambió todo. CATE no nació cuando bajé de peso. CATE nació cuando decidí que no iba a esperar a ser otra versión de mí misma para ocupar espacio.
Hoy me siento como la representación viva del frailejón, una planta que sobrevive en las condiciones más extremas. Que no necesita mucho para existir. Que simplemente persiste. CATE existe porque me niego a ser una empleada más. Quiero ser un ejemplo para otras mujeres latinas en este país de que sí se puede. El reconocimiento, el éxito y construir algo que perdure no están reservados para alguien más.
No tienes que estar lista para empezar. Solo tienes que decidir que ya no vas a esperar más.